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PALABRAS DE FÉ
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Depresión

Que es lo que la religión y la fé tienen que ver con las enfermedades mentales tales como la depresión?  De acuerdo a los estudios de varios especialistas, entre ellos el psiquiatra Paul Kielholz de Basiléia, Suíça, el aumento en número de personas con depresión se debe en su gran mayoría, a la decadencia de las costumbres y abandono de la religión. La depresión  aparta al hombre de Dios, ya que le impide progresar– finalidad del hombre en la tierra, además de quitarle la fé y la esperanza.  Al no encontrar una salida y dejar de creer en la vida, se entrega a los caprichos de la muerte. En 1996 más de 33.000 personas, víctimas de la depresión, se quitaron la propia vida en los Estados Unidos.
La depresión no es  enfermedad de débiles ni tampoco es señal de falta de fé. Grandes hombres y mujeres de la história pasaron por esta prueba en sus vidas, como lo fueron Ernest Hemingway, Virginia Woolf, Vincent van Gogh, sin mencionar los grandes ejemplos de la fé. Veámos algunas de las frases que ellos dijeron y que muestran aquello que sentieron:
Tristeza: “Mis lágrimas han sido mi alimento” David.
Sensación de pérdida de fé: “Si usted supiera en las cavernas en que estoy sumergida; no creo en la vida eterna, me parece que despúes de esta vida mortal no existe nada más”. Santa Teresa del Niño Jesús.
Desespero: “Hoy sentí un fuerte deseo de salir corriendo sin rumbo por ahí, con ganas de lanzarme de una ventana y con muy fuertes tentaciones de desespero” San Pablo de la Cruz, durante su última enfermedad.
Tristeza y sentimiento de soledad y desamparo: “Siento en mi alma una tristeza de muerte” y todavía: “Dios Mío, Dios Mío, porque me has abandonado?” Jesús.
Estos ejemplos nos prueban que no somos peores que nadie. Si el propio Hijo de Dios quiso experimentar nuestro “fondo del pozo”, no necesitamos avergonzarnos cuando pasamos por la experiencia de la depresión, que no es señal de debilidad, sino mucho más de insatisfacción con el mundo que construímos. Depresión quiere decir: el vacío está ahí. Es necesario encontrar a alguien que sacíe nuestra hambre por eternidad. Nuestra existencia está cansada de las respuestas que encontramos fácilmente por ahí o la que nuestros computadores nos proporcionan.
La depresión es una “oportunidad”. Es el rico momento de parar para evaluar, para escuchar, y sobretodo, para aprender. Sólamente sintiéndose “para abajo” (depresión=presión para abajo) es como el hombre reconoce que existe alguien mayor que él y  que podrá ayudarlo, bastando para eso que suplique por esa ayuda, que mire para lo alto y contemple la salvación que sólo puede venir del Señor.

(Fragmento del libro "Depresión, el dolor necesario)