DIOS ES INJUSTO?
“Vós andais diciendo: ‘La conduta del Señor no es correcta’. Ustedes dirán que yo no estoy actuando con justicia: pero escucha, pueblo de Israel, piensan ustedes que yo no estoy actúando bien? No será más bien lo contrario, que son ustedes los que están actuando mal?” (Ez 18, 25)
Los dias en que acompañé a mi sobrina en la UTI, me fijé que a su lado había personas en peores condiciones que ella. Un señor a su lado de 70 años respiraba mejor que ella, independiente de que se encontrara en coma. Con aquella edad, su corazón funcionaba en peores condiciones que el corazón de ella, que se esforzaba por encima de lo normal para intentar hacer funcionar los otros órganos que ya no le funcionaban corréctamente. Ella era más jóven. Tenía apenas 19 años. No había vivido lo suficiente a fin de poder realizar ni al menos mitad de sus sueños. Yo miraba a los otros allí, por encima de los 70 años y me preguntaba: “Que es lo que esa niña, que tiene una vida entera por la frente hace aquí en medio de estos que ya vivieron lo suficiente y realizaron la mayoría de sus proyectos?”
Por causa del dolor, acostumbramos a preguntarnos: “Será que Dios está siendo justo?”
Cuándo llegamos a nuestra ciudad y vimos un cuerpo todavía jóven e inherte en aquel cajón y a su alrededor, sus padres, parientes y amigos desesperados por el dolor, pensé: “Es eso justo?”
En los momentos que somos tomados por el dolor y por el desespero nos sentimos tentados a pensar que si tuviésemos el poder de mudar las cosas por apenas algunos instantes, tal vez pudieramos hacer con que las cosas fueran mejores. Eliminaríamos todas las armas que matan, acabaríamos con todas las enfermedades y todos los sufrimientos de este mundo.
Yo me quedo pensando que si el cargo de Dios estuviesse disponible, millones de candidatos surgirían prometiendo tornar el mundo mucho mejor de lo que está ahora.
Podemos imaginar como serían las campañas: “Si yo fuera electo Dios, voy acabar con todas las formas de enfermedad. Haré aquello que el Dios actual no hace”. Es muy fácil pensar que si tuviéramos la oportunidad haríamos con que las cosas fueran mejores de lo que están.
En los tiempos de Ezequiel, el pueblo de Dios fué llevado a la fuerza al cautiverio y allá comenzó a cuestionarse de la misma manera. Ellos comenzaron a creer que estaban siendo castigados injustamente. Y entonces se desaogaron: “La conducta del Señor no es correcta”.
Si pensamos un poco, le daríamos la razón a ese pueblo. Ellos habían sido presos y llevados para el cautiverio donde pasaban por las peores humillaciones. De acuerdo con ellos, no merecian aquellos sufrimientos, pues quien había pecado contra Dios eran sus padres y nó ellos. En esa época una expresión se volvió bastante popular. Decía: “Los padres comen uvas verdes, pero son sus hijos que quedan con la boca manchada”.
Si esas personas imaginaban que Dios los castigaba por un crimen que ellos no habían cometido, como es que podrían creer que Dios los amaba? Como podrían creer aún en su palabra? Como podrían vivir por Él y proclamar su amor para los otros? Como podrían adorar a un Dios que para ellos parecía tan injusto?
Cuando el pueblo dijo: “La conducta del Señor no es correcta”, ese pueblo estaba previendo un tipo de mentalidad que prevalece hoy, y la respuesta de Dios todavía es válida para cualquiera que piense poder crear un nuevo tipo de justicia. Dios respondió al pueblo con otra pregunta: “Piensan ustedes que yo no estoy actuando bien? No será más bien lo contrario? Que son ustedes los que están actuándo mal?”
De hecho, en la cabeza de todos nosotros, existen dos dioses. Uno es el Dios que deseamos, y otro, el Dios verdadero. De vez en cuando tomamos a Dios y queremos transformarlo o reinventarlo de acuerdo a nuestra imaginación.
Pensamos que podemos ser más sábios que Él porque ese que ahí está no parece corresponder a nuestros deseos y ni atender a nuestros pedidos.
En el desierto, cuando Dios mandaba maná, el pan del cielo para el pueblo, luego se cansaban del maná y pedían carne. San Juan de la Cruz, comentando este pasaje decía que no era que el maná tuviera perdido su dulcura, sino que el pueblo quería otra cosa además de aquello que Dios les ofrecía.
Cuándo comenzamos a pensar que la conducta del Señor no es justa, y que él podria hacer de esta forma y no de aquella, es porque perdemos en nosotros la noción de Dios verdadero y comenzamos a adorar a un Dios que nosotros mismos creamos. Uno que atienda nuestras necesidades inmediatamente y que no nos deje pasar por la experiencia de dolor o de muerte.
Ese, infelizmente no es Dios. És un títere, una fantasía que creamos para nosotros mismos, como el Dios de algunos políticos que andan por ahí. Roban del huérfano y de la viuda al mismo tiempo en que no dejan de tener sus devociones particulares. Nó. Ese Dios no existe. Fué fabricado por ellos.
El Dios que Jesucristo me presenta no anda por nuestros caminos, no se conforma con los conceptos que tenemos de la vida, no convive con nuestra falsedad.
De hecho, el evangelio no es un libro de auto-ajuda!
Dios no programó nuestra vida como un vídeo game, jugándo con huracanes, terremotos e inundaciones solo para ver quien gana el juego.
Es intrigante como quien siempre sufre más es quien cree en un Dios amoroso, creador y redentor. Si alguien no cree en él, no sufre si algo malo le pasa.
Por ejemplo: cerca de 139 grupos tribiales que existen em el mundo, casi todos creen que Dios está involucrado en la experiencia del sufrimiento. Apenas cuatro de esos 139 no cree em eso.
El sufrimiento cuestiona nuestra fé y nos hace pensar en varias cosas.
Por ejemplo, un día yo fuí a orar en un funeral de una jóven que había muerto en un accidente de carro. La madre de la jóven dijo: “El Senõr la llevó para su casa. Él debe tener algún propósito. Gracias, Señor”. En otras ocasiones, me encontré con los cristianos agonizando en hospitales y que decían: “Que será lo que Dios está intentando enseñarme através de esta enfermedad?” Otros todavia decían: “Como puedo fortalecer mi fé para librarme de esta enfermedad?”
Probablemente todas esas personas están pensando de manera errada. Tal vez Dios no esté intentando decirnos cualquier cosa en específico cada vez que sufrimos. Simplemente porque el dolor y el sufrimiento son una parte normal de nuestra existencia. Las personas buenas o que temen a Dios no son la excepción. Nos enfermanos y morimos simplemente porque comemos mal, nos ejercitamos poco, nos mantenémos en contacto con vírus y gérmenes, etc. Será que esperámos que Dios nos proteja de todo lo que nos coloca en peligro?
Si el sufrimiento significa alguna cosa, es solo eso: Él es un mensage, no la única persona o familia, pero a todo el mundo. El sufrimiento quiere alertarnos para algo errado con nuestro planeta y que necesita de una intervención radical de nuestra parte. De esta manera, no podemos unir un sufrimiento específico a Dios.
Un día un ciego se aproximó de Jesús y le pidió para ser curado, y fué. A veces eso puede pasar, a veces no. De esta forma, en todos los casos, el sufrimiento nos ofrece una oportunidad de saber que lugar Dios realmente ocupa en nuestra vida, y que especie de fé realmente profesamos.
Ahora entendemos la pregunta de aquellos judíos que dijeron: “La conducta del Señor no es justa”. Y también entendemos la pregunta-respuesta de Dios: “Será mi conducta la que no es justa o será más bien la de ustedes que no lo es?” |