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PALABRAS DE FÉ
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Prosperidad


El secreto de la prosperidad

“El Todo Poderoso” es una comedia donde un reportero, Bruce Nolan, interpretado por Jim Carrey, se pone furioso con Dios y lo maldice por ser una persona sin éxito en la carrera y en las finanzas. Al concederle todos sus poderes, Dios lo desafía a asumir  su posición y ver si él consigue hacerlo mejor, mientras el Señor se dá unas merecidas vacaciones.
El reportero atiende a todos los pedidos, diciéndo “si” a todos ellos. Pero el caos se instala y el hombre en medio de  la confusión y del desespero le pregunta a Dios lo que había salido mal, ya que él estaba apenas respondiendo si a todas las oraciones. Entonces Dios le respondió que el hombre no sabe lo que realmente necesita y por eso algunas de sus oraciones no pueden ser atendidas; y en caso de que fueran, traerán más perjuicio de lo que ayuda.
Cierta vez una señora reclamaba que alguna cosa andaba mal con su hijo mayor. En alguna ocasión, desesperado recurrió a ella por causa de una deuda inmensa que tenía. Entonces la madre, tomó sus economías  y se las  entregó al hijo para que pudiera pagar sus deudas. Algunos meses después, había contraído nuevas deudas, y la madre lo socorrió de la misma forma, y así varias veces. Aquello parecía no tener fin. Yo le pedí que no lo ayudase más y que lo dejara ir preso, si eso era necesario. Las personas que se creen caritativas pueden quedar escandalizadas con este consejo, pero aquella mujer veía apenas la superficie del problema y no lograba ver profundamente y penetrar en la verdadera causa de la irresponsabilidad del hijo. No era aquel tipo de ayuda que estaba dando la que iría a salvarlo, por el contrario. Eso iría  a destruírlo cada vez más. Había alguna cosa dentro de aquel hijo que tenía que ser mudada.
Esta lección sirve para cualquier situación. Si nuestra vida material o espiritual no es próspera, la culpa puede no estar en las situaciones económicas. La situación económica de un país puede estar muy buena, pero si dentro de nosotros no hay alguna cosa que nos motive  a la prosperidad, entonces lo que  encontraremos será solo frustración.
Cada año asisto a la conmemoración de Santa Edwiges, la patrona de los endeudados. El  santuario de la santa se llena comunmente, y entre la multitud, se encontraba una parroquiana. No faltaba a la fiesta que se repetía todos los años. Yo le pregunté cuál era la razón de ir  a pedir la misma gracia todos los años. Será que Santa Edwiges ya no la habría atendido el año anterior? Ella me aseguró que si, que aquellas deudas yá estaban pagas, y que ahora estaba con nuevas deudas y necesitaba recurrir nuevamente a la santa.
Un corazón cerrado a la real comprensión de sí mismo nunca podrá recibir nada. Aquellos que solo recurren a Dios y a la religión cuando están mal jamás podrán vivir una vida plena. Son personas que quieren llenar de cosas buenas un corazón repleto de pensamientos malos. No es posible. La prosperidad no llega a aquellos que la procuran por motivos errados. Dios quiere que lo busquemos en sí mismo, y no por aquello que Él nos puede dar.
Un día un mendigo vino hasta un hombre santo para pedirle dinero. El hombre santo negó y lo mandó fuera. Las otras personas, cuando se enteraron de lo ocurrido, colocaron en duda la santidad de aquel hombre y fueron furiosos a conversar con él exigiéndole una satisfación. Él respondió que no le había dado nada al mendigo porque él había ido allí para pedir pequeñas cosas, y él no estaba allí para dar pequeñas cosas. Si hiciera eso, el mendigo continuaría para siempre mendigo. Él le quiso enseñar al hombre como no vivir más de limosnas, pero él no se importaba, pues no estaba interesado en ir a la raiz del problema. Quería solamente tratar  su superfície.
Como llamar para si la prosperidad?
Regla Número Uno: Hágase la siguiente pregunta: Quiero poseer riquezas o quiero que ellas me posean? Se cuenta la historia de um hombre muy rico que se encontraba viajando en un navío. Sobrevino una gran tormenta y el navio comenzó a hundirse; como el hombre siempre traía el oro que poseía amarrado a la cintura, tendría que deshacerse de todo el si no quería ahogarse. Decidió no deshacerse del oro y por eso, por causa del peso, comenzó a hundir y acabó ahogándose y muriendo. El dinero nos puede hacer olvidarnos de cosas que son más importantes, como Dios, la família, los amigos y puede hacer con que las cosas ocupen el lugar de las personas en nuestras vidas.
Regla número dos: Nunca piense que Dios está contra el dinero. Por el contrario: la cédula de papel tiene un lugar en los planos divinos. El Señor usa el dinero o la falta de el para revelar quien realmente somos. La manera como lo usamos prueba cual es nuestro carácter, y cuando Él permite que el dinero desaparezca,  es esta la oportunidad que tenemos para saber si realmente confiamos en el Señor o en las riquezas. Me gustaría continuar aqui en esta regla, y si esta fuese la más importante para nosotros, tendríamos una vida más próxima. Escucha lo que el Señor nos dice: “No podeís servir a Dios y a las riquezas” (Mateus 6, 24). Presta atención: Jesús no dejó un simple consejo. El no dijo: “Tu no deberias servir a Dios y a las riquezas”. El afirmó: “Tu no puedes”, y con eso quería decir que no se puede servir a los dos al mismo tiempo, o se es esclavo de un único señor o no se es de nadie. El libro del Eclesiastico afirma: “Aquel que ama el dinero nunca de este se hartará” (5,9). En otras palabras, existe una infinita hambre en el corazón humano que ningún dinero jamás saciará.