Es muy común escuchar de varias personas expresiones de tipo: “Estoy deprimido porque mi jefe me hechó del trabajo” o “estoy pasando por un período de depresión terrible: Mi mujer me abandonó”. Y continúa por ahí. Independiente de que el término sea usado hoy como sinónimo de tristeza, angustia u otro sentimiento que nos hace sentir “para abajo”, es necesario entender que algunos de estos síntomas así sean reales y nos hagan sufrir, pueden ser confundidos con la depresión, pero no son lo mismo que la depresión. Como entonces reconocer cuándo una persona no está simplemente pasando por un período de tristeza intensa y está en efecto vivenciando un problema de depresión?
Podemos afirmar que la depresión es un estado anormal de intenso sufrimiento psicológico y que trae al enfermo serios perjuicios en su vida social y familiar. Por lo tanto, podemos sentirnos tristes y angustiados a veces, pero eso no nos quita el coraje de luchar y continuar viviendo. El paciente que sufre de depresión simplemente no quiere continuar. La vida le es demasiado pesada. Este y otros síntomas nos ayudan a reconocer cuándo una persona realmente está sufriendo de ese mal, y descubrirlo es el primero y más importante paso para la cura.
Lo mismo que hacemos con otras enfermedades, también deberíamos hacerlo con la depresión. Por ejemplo: si yo tengo un tumor y no lo identifico, puedo morir con el. La cura sólo será posíble si encuentro el mal y lo trato adecuadamente. Dígase lo mismo para la depresión. Si no se identifica, esta me destruirá, una vez que aquello que no es identificado no es resuelto.
La depresión clínicamente evidente tiene algunas características que pueden ser verificadas en el hombre, en su conjunto bio-psíquico-social-espiritual.
En lo físico: comenzando por la postura, el deprimido estará normalmente cabisbajo, triste, pálido, con movimientos lentos y hasta sin movimento alguno, prefiriéndo estar acostado la mayor parte del tiempo con la finalidad de isolarse del resto del mundo. Desórdenes gastro-intestinales, motores, cárdio-respiratórios y neuro-vegetativos; oséa, existe un compromiso del sistema nervioso autónomo que regula el funcionamiento de órganos importantes como el corazón, causando la insomnia o el exceso de sueño.
En lo psíquico: pesimismo, sentimiento de culpa, tristeza intensa, rabia, etc.
En lo social: Completo desinterés por todo: placer, familia, trabajo, además de no lograr ver nada bueno para su própio futuro o para el mundo. Alimenta su resentimiento contra todos y vé a los demás como enemigos o apenas como “nadie”. El trabajo representa dolor y sufrimiento, ya que la sensación de placer en aquello que se hace queda anulado. El líbido disminuye así como el interés por su pareja. Aparece un giro para sí mismo, para el propio ego, un retroceso peligroso y destructor, no aquel contemplativo y por eso creador.
Generalmente la depresión trae consigo otro síndrome: el síndrome de la muerte. Son intensos los pensamientos suicidas. 60 a 80% de las tentativas de suicidio son de personas que sufren de depresión, y el deseo intenso de morir viene en efecto de que se cree que no existe más esperanza en vivir sin ese mal.
Un suicidio lento viene del acto de cerrarle las puertas a la vida: la nariz y la boca. A través de esos órganos de los sentidos nos viene la vida y su mantenimiento. Podemos sobrevivir largos años con una enfermedad grave, pero si prendermos la respiración por apenas algunos minutos, la vida se agotará. Aire, en la lengua griega, equivale a espíritu. Cuándo el aire acaba, el espíritu se retira y la muerte se instala. El deprimido en general, no respira profundamente. Respirar profundamente significa extraer lo máximo de la vida, acoger dentro de los pulmones la alegria de vivir, la confianza y la esperanza. Observe a un bebé recién nacido: su respiración es profunda, pues confía en su madre, confía en la vida que está a su disposición, desea extraer del aire todo lo que puede ofrecer. La respiración rítmica simboliza harmonia con el medio, con el otro.
Después de cerrar la nariz para recibir el aire que mantiene todos los otros órganos vivos, se cierra también la boca, rechazando la comida que simboliza el mantenimiento de la vida.
Es importante resaltar que apesar de que alguien con depresión desee la muerte, no es la muerte en sí lo que desea. En realidad, está clamando por ayuda, quiere que entiendan que la vida que está viviendo no es aquella que desea y necesita de ayuda para vivir de forma más significativa. Lo que todo suicida quiere realmente es vivir1.
Espiritúalmente, el enfermo se considera un olvidado de Dios, abandonado por Él en la “sombra de la muerte”, y que no es más digno de su amor y de su atención. Como resultado, pierde la fé y la confianza, la noción del pecado desaparece y su corazón permanece cerrado a la gracia.
És importante prestar atención a estos síntomas cuándo se qiuere ayudar y extender la mano al hermano que sufre. Ni todos estos síntomas, no obstante, estarán presentes, pero si la mayoría estuvieran, mayor será la probabilidad de estar sufriendo de depresión.
La persona que cuenta con la mayoria de estos síntomas debería en vez de desanimarse, ponerse feliz por reconocerlos, ya que ese reconocimiento es el paso principal para la cura.
Además, reconocer que necesitamos de ayuda es un movimento en sí de la gracia de Dios que opera entre nosotros. Es Él quien no se satisface con nuestro dolor, por lo contrario, quiere vernos felizes y vivendo al máximo de nuestras posibilidades.
Dios sabe que necesitamos de ayuda. Y quien no sabe? Basta con mirar nuestro rostro triste y nuestro semblante sufrido. Al fin de cuentas, Jesús no sabía lo que el pobre paralítico quería al borde del pozo de Betsaida? Viéndo a un paralítico, claro que vemos en su própio cuerpo lo que realmente desea: quiere volver a caminar. No obstante, Jesús le preguntó: “Quieres sanarte?” Jesús quiere que reconozcamos que no estamos bien, que necesitamos de su ayuda, ya que nosotros somos incapazes de ser felizes a través de nuestros propios esfuerzos.
Hace ya algunos años, conocí una mujer, Angélica, que sufría terriblemente de depresión. Después de haber intentado de tudo y andar con varios medicamentos en la bolsa, yo le dije: “yá intentaste a Jesús? De casualidad, yá te dije que quieres y necesitas ser curada?” Independiente de que la família viniese de una tradición protestante, nunca había pensado en la posibilidad de ir hasta Jesús y humildemente confesar que, sin Él, no lo conseguiría. Resolvió hacer eso, y hoy todavía se acuerda de ese día y exclama: “Fui curada porque usted me dijo que Jesús me podría ayudar, si yo quería, y Él me ayudó!”
El paso más importante de todos: Reconocer lo que mis síntomas dicen: “Usted está necesitando de ayuda!”
Vamos a orar:
Querido Padre Celestial, creador de todos los dones, refugio seguro de aquellos que se sienten perdidos y desamparados. Reconozco que muchas veces cuento primero conmigo mismo y por último con mis posibilidades , con tu ayuda.
Quiero que hoy sea completamente diferente: Primero quiero contar contigo, y en última instancia contar con mi coraje, determinación y fé para salir vencedor en este desafio más.
Tú que consuelas los corazones: ven a mi socorro. No permitas que la angústia y el desespero me quiten el aire y el coraje de continuar. Yo necesito continuar, pues esa fue la misión que me diste en tu infinita y amorosa sabiduría. Yo la acepto. La vida es un don de tu amor por mi, negándola, estaré negando al Creador.
Sólamente una cosa te suplico: no sueltes la mano de este tu hijo que no sabría caminar sin ti.
Así sea.
(Fragmento del libro "Depresión, el dolor necesario)
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NUBER, Ursula Depressão: a doença mal |
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